night28 – Parte III (Final)

Electric Feel de MGMT sonaba alegre en mis auriculares cuando, con un cansancio inmenso en el cuerpo tras la noche anterior, traspasé la puerta de entrada del piso de mi hermana. Suena a tópico, pero ella era la hermana perfecta, la mayor, la que tenía una familia económicamente bien establecida, un marido guapo y dos hijos que sacaban buenas notas, la preferida toda la vida de mis padres y cómo no, la que intentaba por todos los medios darme lecciones de vida para que la enderezara, mi vida, de una vez.

– Pero qué cara que traes, por Dios – exclamó mi hermana nada más abrirme la puerta.
Apagué la música y me quité los auriculares que quedaron colgando sobre mi pecho.
– Alguna gente seguimos divirtiéndonos, Alicia -dije.

Me echó una larga mirada reprobatoria, y acto seguido echó a andar hacia su dormitorio, explicándome:
– Ricardo se ha llevado a Lucas y Alex de excursión de hombres por la montaña, tú y yo tenemos mucho que hacer hasta que vuelvan, he revuelto el armario y he puesto toda mi ropa patas arriba hasta encontrar algo decente con lo que puedas ir a la boda, algo que encaje dentro de ése gusto raro y rancio que tienes…
– Eh! rancia tú -protesté.
– Lo que tú digas. ¡La cuestión es que lo he encontrado!… te va a encantar absolutamente -me dijo con cara de completa ilusión y felicidad- tenemos varias alternativas, yo no logro decidirme del todo por ninguna aunque lo que este año se lleva es…

Mi cara de estupor al ver al menos diez vestidos de encajitos, y lentejuelas, y volantitos, y rosas, y telas brillosas, y un montón de chales y bolsos a juego y otras muchas cosas pulcramente ordenadas sobre su cama, que yo jamás me pondría ni en una boda ni en ningún otro sitio, fué aplastante.
Ella, aún de espaldas a mí, seguía diciendo:
– Quizás creas en un primer momento que no estás preparada para el Carolina Herrera, pero es sólo la primera impresión, es precioso y siempre elegante, yo me lo puse en la boda de Christian y Yolanda hace dos años, y te aseguro que nunca pasa de moda, pero lo dejaremos para más tarde… ay qué bonito es -tocó otro vestido- éste es algo espectacular, aunque creas que tu hermana es una pesada y que no entiende tu gusto, tengo que decirte que éste lo llevé en la boda de los amigos gays de Ricardo el año pasado y no dejaron de decirme lo guapa que iba
Entonces se dió la vuelta.
Su expresión cambió radicalmente al mirarme, una tristeza indescriptible me resbaló por dentro al ver cómo su cara pasó de ser un cielo limpio y soleado de verano, salpicado de cometas y risas, a un día encapotado y lluvioso, con niños tristes porque no pueden salir a jugar.

– No te gusta nada. ¡Pero si aún no te lo he enseñado bien! ¡acabamos de empezar!… por favooooor… déjame y no pongas ésa cara mustia… Tienes que llevar algo en condiciones
– Pero es que con todo éso… que no todo es feo… bueno, seguro que algunos son verdaderas joyas, no te lo discuto…
– ¡Claro que sí! sólo tienes que ver la pedrería discretísima de…
– … pero es que así no voy a ser yo -continué- así no soy yo, Alicia…
– Éso es que aún no te has visto, vamos darle una oportunidad -me dijo.
– Es que odio los vestidos -y remarqué mucho la palabra odio- y lo sabes, por Dios cómo no me conoces aún
– Escúchame Eva María Rodríguez, tú no vas a ir en vaqueros y camisa a esta boda -sentenció.
– Alicia, no me voy a poner uno de ésos vestidos. Me niego -y crucé los brazos a la altura del pecho. Clásica postura defensiva, lo sé.
– Vamos a ver -mi hermana daba vueltas por la habitación con los dedos masajeándose las sienes- que no cunda el pánico, dá gracias que tu hermana tiene un gran fondo de armario, estoy recordando unos pantalones de fiesta de Cacharel, negros, que combinados con un top que tengo por aquí, en algún sitio, con toda la espalda escotada y…
– Alicia
– ¿Qué?
Me acerqué a ella y le dí un abrazo.
– Gracias por intentarlo. De verdad. Pero no -le dije, al separarme de ella.
– Pero ¿porqué Eva?, eres una chica guapa, irías tan femenina con cualquiera de éstas cosas, no entiendo porqué te empeñas en vestir siempre así
– Es mi estilo, y yo no entiendo porqué no puedo ir a la boda con un traje de ésos -dije señalando el armario de mi cuñado- el gris metalizado, es precioso Alicia, y es de mi talla – arqueé las cejas.
– No por favor, otra vez una conversación de las tuyas no, sabes lo que opinio de éso
– Pero es que yo soy así Alicia
– ¡No! ése es un tarje de hombre, por favor, cómo se te ocurre. Eres una chica Eva, una chica guapa además
– No me gusta que me llames así -respondí.
– ¿Así cómo? -me preguntó desconcertada.
– “Eres una chica guapa”
– Por el amor de Dios -y se sentó en la cama.
– ¿Porqué todos tenéis esta manía de etiquetarnos a todos? porque yo no puedo ser yo y ya está. No quiero ser una chica guapa, ni una chica fea, ni una chica nada… quiero ser… quiero ser… -no encontraba las palabras.
– Ni tú misma lo sabes -dijo ella.
– ¡Es que hay palabras para todo menos para definir cómo me siento!
– Aún sigues llevando ésa estúpida nota -afirmó con  voz apesadumbrada.
– Sí. Y siento orgullo por ello
– Dios, Eva, si ni siquiera hablas ya usando artículos de género para tí misma, ¿qué te han hecho?
– Tú… ¡Tú no sabes lo que es vivir…vivir con esta oscuridad que llevo dentro! con éste vacío de no saber quién soy, de odiar las palabras porque las palabras etiquetan, pero a la vez sentir el vacío de ellas al no encontrar las que me definan -exclamé.

Mi hermana me miraba muy seria.

– No pasa nada por ser lesbiana Eva, sabes que te quiero y que entiendo que el amor es algo libre, todos en la familia lo entendemos, eres tú la que tiene que dejar de torturarse, sólo tú puedes salir de ésa oscuridad, tienes que aceptarte cómo eres -me dijo.
– Si es que no me entiendes. Joder, qué dificil. Mi sexualidad está bien, gracias. No se trata de con quién me acuesto ó dejo de hacerlo. Se trata de quién soy. No me siento mujer, no me siento hombre. Siento algunas cosas como mujer, siento algunas cosas como hombre. Me gusta mi piel, me gustan mis pies, mis manos, en general me gusta mi cuerpo, no siento el rechazo visceral ante él que siente un transexual. Pero… querría tener barba, ser más fuerte, algunos días sería divertido no tener pecho y sí genitales masculinos. Algunos días… mataría por ser un hombre, aunque me sienta a gusto con mi cuerpo. Otros me siento feliz tal como soy. La mayor parte del tiempo simplemente quiero ser agénero, en la ropa, en las formas, en el nombre, en el DNI, en la sociedad, en el mundo. Agénero, ¿tan difícil es?. No quiero ser nada porque quiero serlo todo.
– ¡Ay Dios!…,¿¿pero tú…te drogas?? -preguntó mi hermana, ojos muy abiertos.
– Hay un vacío enorme en el diccionario, en esta sociedad. Y estáis ciegos todos los que no lo veis.
– No sé qué decirte, de verdad que no lo sé
Respiré hondo.
– Lo sé hermana, lo sé. No digas nada. Ya está.

Pasaron unos minutos espesos, dolorosos y surrealistas, en los que ninguna dijimos nada. Ella miraba a la alfombra a los pies de la cama, yo a los vestidos que no era capaz de ponerme.

– ¿A qué ahora no te parecen tan mal los vaqueros y una camisa bonita? puedo llevar al cuello uno de tus pañuelos -le dije sentándome a su lado y rodeándole la espalda con un brazo cariñoso.

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//Escrito por Atlanthis. Todos los Derechos Reservados. //

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