night28 – Parte I

Puse dos hielos en el vaso, tres dedos de vodka y uno de zumo de naranja. Me lo bebí todo de un trago.
Cogí el móvil y marqué nueve números de teléfono, prefijo local. Fruncí el ceño mientras me masajeaba las cejas y esperaba el final de los tonos de llamada.

– ¿Diga? – respondieron.
– … … … – no conseguía que me saliera la voz.
– ¿¿Diga??
– Tengo un problema – solté.

— — —   — — —

Me miré en el espejo. El segundo vaso de vodka con naranja esperaba a que terminara de apurarlo, quieto sobre los azulejos azules que enmarcaban el lavabo.
Los dedos de la mano izquierda me temblaban ligeramente. Me aparté un mechón de la frente. Seguía frunciendo el ceño.

Relajé la expresión de mi cara. Mi cara, repetí sin hablar en alto de forma mecánica.
Continué acariciándome las mejillas, la nariz, el pelo detrás de las orejas, la piel del cuello.
Y me detuve, era una tontería. Nunca lo sabría. Nunca.

— — —   — — —

A la mañana siguiente fuí hasta la calle que el día anterior había apuntado en un post-it, andando, era incapaz de conducir nada, ni siquiera una bicicleta. A los cuatro años había amado un triciclo que parecía una pequeña moto, roja con ruedas azules, y hasta el presente. Tenía el carnet de conducir olvidado dentro de un cajón en un mueble cerca de la tele.

Un niño se quedó mirando mis zapatillas rojas, con una cara que no supe interpretar. Dentro de los auriculares que colgaban de mis oídos hasta hundirse un bolsillo lateral de mi cazadora, sonaba Ryan Star (ya sé, no lo conoce ni su padre). No entendía mi propio gusto por la canción The Back of Your Car.

Me detuve justo delante de una gran puerta en un edificio antiguo, sin ninguna restauración reciente. No había placas que anunciaran si algún abogado ó peluquera ó dentista ofrecía allí sus servicios. Las placas del telefonillo al lado de cada una de las cuatro puertas, A – B – C – D, que conformaban cada unos de los 7 pisos que había, estaban en blanco, sin nada escrito a mano ó a máquina en ninguna de ellas. Me reí mentalmente al sonarme como un anuncio de detergente para lavadora.

Cuando llamé al piso que tenía en mente sonaban a todo volumen las guitarras de Comfortably Numb de Pink Floyd. Genios. Llevaba ya un buen rato sin moverme, en mis propios pensamientos, hasta que decidí tocar ése botón.
Me abrieron enseguida, sin preguntar. Empujé con fuerza la vieja y pesada puerta. Al pasar pisoteé un montón de propaganda de ordenadores que estaba desparramada por el suelo.

Cuando llevaba medio tramo de escaleras subido, después del descansillo del 2º piso, me detuve. Apagué súbitamente el Ipod, y me detuve, mirando a las paredes blancas con gotelé que me rodeaban. Reinaba el silencio. Olía a limpio, al detergente con el que habían fregado. Y yo negué casi imperceptiblemente con la cabeza, antes de dar media vuelta y salir del edificio.

— — —   — — —

Puse las zapatillas, unas Converse rojas, sin reparos encima de la mesa que tenía delante de mí. Al otro lado, entre las dos cervezas que nos separaban, estaba ella. Me sonrió, después tomó un largo trago de su cerveza; la suya era una Franziskaner de trigo, la mía una Murphy’s roja. Nos gustaba la cerveza.

– ¿Echamos una partida de billar? – le pregunté, con cara de levantarme de la silla. Estábamos en Mc’Laren’s, para variar.
– No, cuéntamelo, vamos – me respondió.
Fruncí ligeramente las cejas.
– Vamos, quiero jugar una partida, invito yo
Suspiró.
– Así no vamos a ninguna parte – me dijo.
– Ah, ¿pero vamos? – pregunté con cara irónica y las cejas casi en su sitio de nuevo.
– Dios… – resopló – …a veces me cansas – acabó diciendome tras una mirada larga, justo antes de levantarse y echar a andar
hacia la máquina expendedora de tabaco.

Me gustaba. Me gustaba mucho. Y yo tenía un problema más. ¿Qué le diría? ni puta idea, pensé mientras apuraba mi vaso. Desearía que las cosas fueran más fáciles, me dije. La miraba, mientras ella buscaba cambio en la barra para sacar un paquete de Nobel. Era guapa. Y era inteligente, le encantaban las películas de Woody Allen y sabía hacerme reír. Nos habíamos conocido dos años antes mientras yo firmaba libros en una librería del centro. La recordaba claramente delante de mí, con un ejemplar del segundo de los dos libros que yo había escrito por aquel entonces y que me dió una fama mediana al vender 5.000 copias.
Yo ahora trataba de llevar a buen término un recopilatorio con mis poesías de los últimos diez años, y todo era diferente. Casi nadie se acordaba ya de mí. Aunque bueno, no podía quejarme, estaba bebiendo con mi mejor fan con derecho a roce ocasional. Yo quería mucho más.

– He pedido dos más – me dijo ella al sentarse de nuevo.
– Ok – respondí.

¿Qué coño iba a decirle?, cualquier cosa sonaría ó estúpida ó demasiado trágica. Y yo no me sentía de ninguna de las dos formas. Realmente no sabía como defirnir cómo me sentía, pero no así. Y por éso no podía decir nada. A nadie.

– La rareza, aunque es una de tus mejores cualidades a veces – me dijo sarcástica – quiero decirte que en los últimos meses me está sacando de quicio. Oye, estoy aquí, si te preocupa algo sabes que me lo puedes contar – e hizo incapié en ésto último. No iba a dejar el tema.
– No voy a contarte nada. No ahora. Lo siento – respondí obtando por mi más honesta carta de sinceridad.
– Pero, es que no lo entiendo… Me llamas hace cuatro semanas, me dices que vas a empezar a ir a un sitio que no puedes contarme, que cuando pasen unos días me hablarás de algo que no te deja dormir – cogió aire -, pues bien, lo intento, me comporto como una buena… amiga, paciente, disponible…
– ¿Amiga?… ¿no podemos usar otra palabra? – protesté.
– ¿Novia? ni lo sueñes – respondió con cara pícara.

Así nos pasamos al menos veinte minutos, hasta que ella entendió que yo no iba a soltar prenda y yo, justo antes de darle al play en el Mp3 y que empezara Angel de Massive Attack, que con lo que me había costado y me estaba costando darle un toque más serio y formal a nuestra “relación”, todos los progresos se iban a ir a la mierda.

— — —   — — —

– El problema no son las palabras, no es la noción de etiqueta, es quién elige esas palabras y esas etiquetas. El problema es, que no somos libres de estar etiquetados ó no, ó bien de elegir qué etiqueta usar, cómo, cuándo, dónde -night28.
– Yo creo que el problema va más allá -malága30.
– ¡Claro que va más allá! el problema está en un tienda de ropa, en tí, en las personas con las que te relaciones, en los trabajos, en… las películas, en la literatura y en la cultura, en la propia gramática si me apuras. En que no puedes hablar de ésto sin que te miren raro. En que no sabes a quién acudir. En que no puedes hablar con nadie sin que cambie radicalmente la opinión que tienen de tí. En que mucha gente no se quedará a tu lado. En que no sabes qué hacer y qué no hacer -night28
– Oye, que yo no soy nadie. Y además tienes asociaciones -málaga30.
– Si, claro, tú eres alguien, pero te acabo de conocer, y… jejej… ésto es un chat. Y además creo que no me entiendes -night28.
– Sí que te entiendo, night28. Pero es que yo creo que lo que tienes que hacer es posicionarte. Ve a una asociación, que te informen. Yo ya estoy casi bien -málaga30.
– Si es que yo no sé para qué he entrado aquí… -night28. Miré por la ventana, la luna quedaba justo enfrente de mi ventana.
– Si no quieres seguir hablando no pasa nada… ¿quieres ver una foto mía? – dijo málaga30.
– Ok -night28.

___málaga30 desea enviarle un archivo, ¿acepta?___
___SI – NO___
___Enviando….___
___Descarga completada___

– Oye, se te ve muy bien -night28.
– ¿A que sí? tú puedes quedar igual, pero cuanto antes empieces mejor, han pasado 3 años desde que dí el primer paso.
Ahora soy yo -málaga30.
– Pero es que… Es frustrante no saber cómo explicarlo, joder -night28.
– Intentalo ;) -málaga30.
– ¿Sigues ahí? -málaga30.
– Sí, estoy pensando -night28.
– Ok -málaga30.
– Sabes? no todo el mundo tiene que pasar por una terapia, ó el quirófano -málaga30.
– Son las palabras, ya te lo he dicho, no se trata de estar en un grupo ó en otro, no es cuestión de… la cuestión es que me encuentro en el medio -night28.
– Pero es que no existe el medio ¿? -málaga30.
– Tiene que existir! de éso se trata, todos somos diferentes y a la vez iguales, y viceversa. Es un continuo. Un continuo donde tienen que caber múltiples posibilidades -night28.
– Te puedo hacer una pregunta personal? -málaga30.
– Claro, te estoy contando mi vida a estas horas de la noche, es lo de menos no? -night28.
– Desde cuándo lo sabes? osea, cuándo te diste cuenta? -málaga30.
– Pues yo creo que desde siempre, pero es lo que te decía al principio, no lo tengo claro. Es que tampoco me ubico en el grupo B, no soy totalmente del grupo A, pero es que tampoco soy del B totalmente. Al principio pensaba que sí, que era el B. Pero he descubierto que es todo mucho más complejo -night28.
– En tu caso -málaga30.
– Sí -night28.
– Pero es que no existe el medio!!! -málaga30.
– No sé quién soy -night28.

— — —   — — —

/CONTINUARÁ…/

/El texto presenta enlaces a las canciones mencionadas en él/

//Escrito por Atlanthis. Todos los Derechos Reservados. //

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