El tablero de Risk

A veces simplemente te quedas boquiabierta, como si él -tú amigo- hubiese apretado un gatillo que disparase a toda vuestra historia, y la hubiera desparramado por el suelo. Y sientes tus palabras como la sangre, que va formando manchas informes sobre el suelo.

Imaginas que tiene entre sus manos un botón, grande, rojo, como de ésos que se guardan en las películas bajo llave para destruir el mundo. Casi sientes físicamente cuando lo pulsa y aparecen delante de tus ojos grandes tubos de luces de neón, gritando desde la pantalla de tu ordenador la terrible cosa que jamás esperabas que él creyera: nada de ésto fue verdad.

Y te quedas mirando esas palabras, quieta, sin entenderlo. Lo más parecido que tienes a un sentimiento normal es la sensación de que te cortaran un brazo. Ya sé qué se siente, piensas.

Te preguntas. Te preguntas tantas y tantas cosas. Querrías discutir con él, mirarle a los ojos y que toda tu tristeza, enfado y perplejidad se reflejara en sus pupilas, y que estás te devolvieran todas las respuestas que no tienes. Si nada fue verdad, entonces, porqué te importa tanto, porqué comparas nuestra historia con un juguete que se acaba rompiendo, si nunca existió. Si nada fue verdad, entonces nos quedamos sin un trozo de nuestras vidas, entonces todo tu camino recorrido hasta aquí tampoco lo es, porque muchas de las piedras las pusimos juntos. Si la distancia y la vida y los sueños me han ido cambiando, como cambia un árbol que va creciendo sin dejar de ser el mismo árbol, han hecho lo mismo contigo; no tiene sentido tirar el juguete sólo porque las pilas que hacían que funcionara se han gastado, porque el lugar donde jugabas y los juegos hayan cambiado. Pero lo tiras, si. Lo tiras en el momento que afirmas: éste juguete ya no sirve aquí, no me gusta, está roto. Y me miras y me instas a que te explique porqué se han gastado las pilas, porqué no las he comprado nuevas, porqué ya no jugamos a lo de antes. Después te vas, enfadado, maldiciendo porqué no he hecho todas ésas cosas.

Y me quedo a medio camino de preguntarte porqué no las has comprado tú, si has jugado igual que yo, si tú tampoco has jugado desde hace tiempo a los mismos juegos. Pero no te digo nada, porque hace rato que ya me has dado la espalda. Porque en realidad, el juguete era lo de menos para mí, lo importante era estar contigo.

Quisieras tener entonces una goma de borrar, que eliminara para siempre todo el drama, y los espejismos, y las paredes que has rayado con un rotulador negro encima de nuestra historia. Que te borrara de la cara la expresión de yo no he sido, es tu culpa, ahora tengo mejores amigos, ahora yo soy mejor porque sigo mis verdaderos sueños -que no son los tuyos- ahora no me mires así porque quien está dolido soy yo, me has roto el corazón, vamos, bájame la luna y limpia las paredes y el tiempo de nuestra distancia.

Me pregunto si alguna vez habrás pensado en las cosas que me he callado porque para mí nuestra amistad era mucho más importante que tus errores, por el mero hecho de existir. Ah, no. Tú no has tenido errores. Yo no estoy enfadada.

Dime, ¿existe una goma de borrar para todo ésto?… que borre tu desidia y la mía, nuestras desilusiones, tu tinta y la mía y todo lo que no se ha escrito.

Una goma de borrar que nos haga empezar de cero. Empezar de cero. Quien no intenta lo absurdo no alcanza lo imposible. Tú empezaste este nuevo juego de destruir lo que tenemos, yo ya no tengo más movimientos, ¿Romperás algún día este estúpido tablero de Risk?

//Escrito por Atlanthis. Todos los Derechos Reservados. //

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