De un crepúsculo

La oscuridad se cierne
en nubes negras,
pedazos de cielo rasgado,
total,
absoluta,
sobre los muros invisibles
que contienen una intangible ciudad,
vacía,
llena incandescente del vapor
que dejan los sueños al elevarse,
al flotar,
inacabada en el retazo
que mi vista forma,
oscura también,
quieta en la mirada
de lluvia que no acaba de estallar,
de gris atmósfera,
de viento negro que
algunos árboles agita, lejos,
voz testigo
del reflejo que absorven mis pupilas,
la vaga tormenta
que se cierne a éste crepúsculo,
de los edificios,
del firmamento,
de todo cuanto se es capaz de ver;
de mí.

Tocan las campanas en algún distante
océano perdido en las puertas del paraíso
enclavadas en la promesa de una acera,
Iglesia que no alcanzo a tocar
pero eleva
su lamento o su canto
a mis tristezas y mis ilusiones,
llevándolas de la mano,
llevándome,
hacia el valle del que prometeo
se llevó el ansiado fuego;
me hablan de las historias que
tiempo atrás se contaron,
historias que fueron,
historias que son,
historias que serán,
mi historia…
el amor que se abrazó al corazón
y ya jamás lo abandonó,
la melancolía que creció adherida
a la piel del alma,
la razón que se hundió en la sangre
y recorrió todo el espíritu,
el cuerpo,
el deseo,
la misma luz encendida
en el rincón de las esperanzas, la mente
la vida, la llama que arde
en algún lugar de los ojos, de la fe,
del amante que nos vive dentro,
nosotros,
encendiendo velas,
amaneceres,
estrellas
donde no las hay,
para volver a dar otra vuelta, y otra,
y concluir en un mismo recuerdo de felicidad,
en una misma idea,
en unas mismas manos que no sienten,
que olvidaron lo que era sentir,
lo que era ser tocadas y temblar,
temblar por prolongar, y tocar, y acariciar,
lo que era coger tejados y soñar,
y creer, y volar, creer que no existe el adiós,
el vil y vano engaño de este mundo,
la soledad que regresa y se repliega, y se acomoda
en un rincón que ya no le pertenecía,
igual que al demonio nunca le perteneció
el mar del cielo,
para llenarlo de iras y de truenos,
de relámpagos que tenebrosos
conectan con ese algo de su sonrisa
que llevamos dentro.

¿Sólo muere el aire
en esa oscuridad,
o también algo de nosotros
lo hace?
algo de nosotros lo hace,
en cada tormenta,
en cada engaño,
en cada silencio,
en cada asesinato,
en cada muerte de la verdad…
del valor,
de lo justo,
del amor…
morimos en cada día que es inútil,
en cada vez que no renacemos,
en cada promesa rota,
en cada decepción,
en cada despedida…
morimos en cada grito que nos traspasa la conciencia,
en cada lágrima llorada de impotencia,
de dolor,
de amante solitario o dejado atrás,
o atado en su pasión,
o indolente ante lo que no puede entender ni controlar…
en cada pregunta para la que ladeamos la cabeza
y cerramos los ojos,
en cada atardecer sin ella,
en cada lucha que perdemos,
en cada herida que nadie nos cura…
nos matan o matamos una parte de nuestra vida,
de nosotros,
cada vez que sabemos algo y eso no es suficiente,
cada vez que miramos a los ojos y
no nos dejan profundizar por miedo, por falsa indiferencia,
por que esa persona está más muerta que tú,
cada vez que nos niegan
algo que sucede con demasiada frecuencia
en demasiadas guerras,
demasiadas adoraciones del poder
usando creencias manipuladas, equivocadas,
demasiadas almas ciegas o
en un momento equivocado en el lugar equivocado
sin saberlo,
cada vez que buscamos lo que ya no tenemos, en el recuerdo,
maldito e inútil recuerdo,
maldito…y inevitable, bendito
insaciable y eterno recuerdo.

Donde no eclosiona la lluvia,
donde no rompe el arcoiris por un instante
el perpetuo azur,
sin dudarlo tendría que haber un santuario del alma,
un palacio de cristal, transparente para ver
el momento antes, el segundo
antes de fraguar la belleza,
la vida,
la suerte,
la felicidad…
si, la felicidad, la que se nombra
entre el breve cosquilleo previo a un beso
y el sabor de sus labios,
la que se mira a los ojos cuando miras los suyos
y el reflejo de la vida naciendo de los tuyos,
la que se presiente justo antes de que apoye una mano en tu espalda
cuando sin esperarlo todo el ambiente está lleno de ella;
un palacio,
cuyo nombre no fuera otro
sino ya, ahora, presente,
siempre fui rebelde y jamás tuve paciencia
o el suficiente conformismo
para no creer que los sueños tendrían que cumplise
cuando los estás soñando,
no después, no luego,
cuando el tiempo ha metido sus manos, la duda,
que la belleza, la vida
son realidades bajo las que nadie tiene derecho,
bajo las que nadie puede eleguir
modificar o destruir a su voluntad,
que la suerte debería venir cuando la necesitamos
no más tarde cuando hay pedazos de realidad irreparables,
que la felicidad…
que la felicidad tendría que estar en mi brazos cuando he luchado por ella,
cuando es algo tan simple como ser amada por quien amas,
como no sufrir sin motivo, ni ver sufrir sin razón,
haya o no quien lo explique,
las explicaciones no sirven,
sirve entender, sirven las acciones, sirven los sentimientos,
y una explicación no tiene nada de eso,
tendría que estar en mis brazos cuando la deseo,
y tú,
y ellos,
cuando la deseo con toda el alma
porque la necesidad de alguien o algo te duele,
y has mirado al mundo a la cara,
y has soportado mucha lluvia en tu espalda
sin que nadie te viera,
y has tragado muchas una saliva que no tenías y has seguido adelante,
y…
y incluso alguna vez has vencido;
la felicidad tendría que estar en ese momento, no después, no luego
cuando el ser humano que llevamos dentro nos duele, y nos grita,
aunque al decir esto esté rompiendo cientos de reglas
de valoración, de sabiduría, de conocimiento
de lo que se tiene o se ha perdido o se está por tener.
Habría que saberlo por nosotros mismo, por el objeto,
o el momento,
o la persona,
o el sueño en sí.
Soy enamorada, soy tremendamente humana, y soy
el misterio de mi libertad,
una de tantas,
una de tantos,
tengo derecho a decirlo.
Igual que la tormenta se disipa,
y el crepúsculo termina,
y las estrellas tímidas se asoman,
y yo me quedo con estas líneas.

//Versos pasados, que estos días han vuelto a pasar por mis manos, buscando otras cosas//

//Escrito por Atlanthis. Todos los Derechos Reservados. //

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2 Respuestas a “De un crepúsculo

  1. Bueeeeno…. yo prefiero una historieta, jejejje, pero aceptamos baaaaarco!
    Yo también me alegro de q hayas vuelto a esto del blog!!!

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  2. Qué bien que te hayas encontrado con este bonito poema. Que recuerdo haber leído ya, quizá me equivoque, pero me suena demasiado. Ha sido estupendo leerlo en un día como este. Sí, hoy es un día especial: solamente porque tú has vuelto…

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Comentarios

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