El sol de diciembre – 2º parte

La noche había caído sobre sus cabezas, literalmente. Era un espectáculo aterrador y sobrenatural, en ese orden, asistir a un anochecer por aquel confín del cosmos.

La distancia a la que Io se encontraba del sol hacía que la luz descendiera rápidamente hasta la oscuridad total en apenas unos pocos minutos. El brillante astro se descolgaba del cielo y se hundía detrás de las áridas montañas del satélite, como si el día del juicio final hubiera llegado a su cénit y toda vida se ennegreciera de repente.

Ahora, la temperatura sí empezaba a ser un problema.

Owens tenía frío, mucho frío. Más frío que en toda su vida.

El paso de las horas había sumado a los dos astronautas en un profundo y solitario silencio. No habían encontrado el gran lago. No habían logrado contactar con la nave Alfa. Por suerte ó desgracia no sabían nada de John. La temperatura exterior a sus trajes era, según el tecnológico termómetro de la NASA, de – 179º C; la interior, alrededor de – 2º C y bajando. Los dispositivos del traje empezaban a fallar, seguramente debido a las condiciones extremas que llevaban horas soportando, pensaba Owens.

Se palpó el bolsillo que llevaba en el brazo derecho. Dentro estaba perfectamente doblada la bandera de su país, junto a una especie de pajita algo más rígida y doblada también. No lo había sacado ni visto, pero sabía que todo estaba allí dentro. Igual que sabía, de alguna forma, que en esos momentos su mujer seguramente estaría leyéndole un cuento a su hija, antes de dormir. Mentalmente la vió, con el pelo castaño suelto encima de los hombros, la piel iluminada por la suave luz de la lamparilla de noche de Tess, los ojos llenos de aquel brillo limpio y prometedor.

Bajó un poco la barbilla, hasta que el casco chocó contra su esternón. Casi no se distinguían los guijarros del suelo. La poca luz que había era la que ofrecían las infinitas e incontables estrellas que titilaban encima de ellos. Se preguntó si al acostar a su hija, su mujer saldría esa noche a la terraza a mirar las estrellas. Intentó recordar si por esa época del año en la tierra se veía ese sector del Sistema Solar, donde él estaba, pero no lo consiguió. El sistema de oxígeno empezaba también a funcionar mal y le costaba pensar.

Sintió una inmensa nostalgia, de repente, en el pecho. Le habría gustado pasar un brazo por encima de los hombros de Sandra, abrazándola, protegiéndola del frío de la madrugada.

Owens se preguntó si ella pensaría en él aquella noche al contemplar el firmamento. Si remotamente presentiría lo que le estaba pasando.

Desea con todas sus fuerzas poder mandarle un mensaje. Pero sabía que aquello era imposible. Estaba a millones de kilómetros de distancia y lo único que podía hacer era seguir adelante. Moverse.

Para él ya no tiene sentido la bandera que lleva protegida por el traje.

Moverse.
Lo único que tienen que hacer es moverse. ¿Pero hasta cuándo?

Alan no piensa en su familia. Él no tiene. Hace años que sus padres están muertos, nunca llegó a casarse con su novia y ella le ha dejado hace años. Sólo considera familia a sus amigos y ellos superarán su pérdida. Quizás se emborrachen una noche tan estrellada como ésta a su salud, éso le gustaría. Le haría sentir orgulloso de ellos.

Tiene tanto frío como Owens, pero no se lo ha dicho. Está luchando por seguir caminando, hace horas que no siente el pie herido. Que se le ha dormido quizás sea la expresión más acertada. Y éso le dá mucho miedo. Alan tiene muchísimo miedo de no poder seguir caminando y parar. No piensa en el oxígeno que se agotará en algún momento, ni en el fallo que progresivamente están experimentando todos los sensores y sistemas de su traje, ni en la caída incansable del termómetro. No quiere parar allí, en mitad de la nada, de la más absoluta soledad. No quiere parar en mitad de aquel frío endemoniado de esa noche oscura como la boca de un lobo sediento de sangre.

A veces se para, para reunir aliento y fuerzas, y siente como Owens se detiene pesadamente detrás suyo, sin preguntas, sólo esperando a que él reanude la marcha. Y éso, junto a su miedo, es lo que le hace apretar los dientes y seguir adelante. Aunque éso no sirva de nada.

Le viene una canción triste a la cabeza. Una canción que le recuerda a Juan, y a sus amigos, los que espera que dignifiquen su muerte con unas cervezas. La empieza a cantar flojito, deliberadamente.

No sé dá cuenta de que al otro lado de su dispositivo de intercomunicación, Owens oye entrecortada la voz de su amigo, y reconoce la canción, sintiéndose un poco más sólo que antes.

———–

La explosión no ha matado a Juan. Al contrario. Está confuso y torpe, no entiende dónde está rodeado de cosas que no sabe nombrar, ha creído reconocer a dos…seres delante suyo, pero no está seguro de éso. Él no lo sabe, pero el virus ha destruido casi todo su cerebro, las conexiones neuronales válidas que le quedan están bajo mínimos y el Zlonk ha generado otra especie de estructuras sinápticas conectadas a la materia gris que conserva y resto de haces nerviosos. Ya ni siquiera tiene un cuerpo, en el sentido humano de la palabra.
Y la explosión abre una vía de escape para él. Sus átomos reaccionan con la deflagración y no sólo no acaba con él sino que mejora algo del poder, por decirlo de algún modo, del virus. Ve mejor, se siente más ligero y fuerte. Él no es consciente de su estado como de gelatina endurecida, con pinchos alrededor de todo su cuerpo.

De algún modo se encuentra al aire libre, entre múltiples trozos de partes de la nave espacial desperdigados y humeantes, no siente sensación de ahogo, ya no le pica el cuerpo, si bien le duele horriblemente la cabeza. Como si una sierra mecánica se la estuviera destrozando, aunque no conozca el significado de las palabras “sierra mecánica” ni “nave”.

Sabe algo. Tiene hambre.

El virus Zlonk, concretamente, en su novedosa variante VG-12H/9LK33, estaba destinado a explotar dentro de los límites de la atmósfera de Io. El lugar detectado por los ordenadores de la NASA como más seguro y eficiente para el proceso, era el interior de uno de los ocho volcanes septentrionales de la superficie del satélite. La misión no era alto secreto por una razón banal. El virus Zlonk había sido diseñado y mejorado expresamente para limpiar Io de sus “habitantes”. Hacía años que se había descubierto una especie de vida primitiva en aquel satélite, reconocida acertadamente como la menos común de las lunas de nuestro sistema solar.

Los expedientes WLX55 y WLX56, con clasificación Alfa+, decían que esa “vida” era una amenaza en potencia para los seres humanos y el planeta tierra en su conjunto. Los seres retransmitidos allí por la última nave Vogayer enviada en reconocimiento, eran parecidos a musarañas del triple de su tamaño. No había evidencia, ni en las imágenes mostradas por la Voyager ni por la Hubble de que fuera vida inteligente. Se estimaba que sólo haría unos pocos años luz que existían estos seres, pero los gases que emitían eran potencialmente peligrosos ya que contribuían al calentamiento de Io y según las previsiones de los mismos ordenadores, harían que Io estallase en un relativo corto plazo, produciendo una asbsoluta debacle en el sistema solar.

Ésto era lo que sabían los tres astronautas que habían marchado en la Orión y que ahora divagaban sobre sus propios pensamientos de supervivencia.

Juan, ó John, olfateaba el inexistente aire en busca de comida.

Owens, daba vueltas a la idea de decirle a Alan que tenían que parar. Sabía que su compañero lo sabía igual que él, pero se obstinaba en seguir caminando a pesar de que ya tenía rígida toda la pierna y no sólo el pie herido. Owens no quería parar, pero había llegado a la conclusión en la última hora de que lo prefería a ver a Alan derrumbarse y caer al suelo. Él no tendría fuerzas para levantarle, y su compañero le miraría impotente desde la tierra, diciéndole con la mirada silenciosa que hasta allí habían llegado. No, no quería éso. Así que se lo diría.

Pero no por el intercomunicador desde atrás, quería situarse delante de él y mirarle a la cara.

Así que poco a poco, muy despacio, empezó a andar más deprisa, en un último esfuerzo físico que tampoco quería reconocer como tal.

Alan estaba más que asustado ya. Hacía unos diez minutos que se había meado en los pantalones sin haber podido evitarlo. Como el traje es absolutamente hermético, no había salido ni una gota del fluido al exterior, pero él lo notaba bambolearse contra sus pantorrillas en el interior. Aquello ya estaba siendo demasiado para lo que él, y casi todo ser humano según sus pensamientos, podía soportar.

Tenía que tragarse todo el miedo, ser un hombre, el hombre por el que sus amigos habrían vaciado una taberna y parar.

Owens alcanza al fin a Alan. Pero cuando está a su altura, éste se detiene. Entonces Owens anda un par de pasos más, como a regañadientes, como si hubiera metido la mano en el bote de las galletas y se las hubiera comido todas y tuviera que confesárselo a su madre, y se para delante de Alan.

Los dos hombres se miran fijamente.

Owens mira la cara de su amigo. Ya no es capaz de aguantar más sufrimiento. Ya no lo resiste más, ésa es la verdad. Y él traga saliva, sin apartar sus ojos de los de él. Y le dice, poniéndole lentamente una mano enguantada en su hombro derecho:

– Ya no puedo más, Alan. Estoy muy cansado. Necesito parar un rato -el intercomunicador emite una serie de ruidos de frecuencia inintengibles- Éste me parece tan buen sitio como cualquiera

El paisaje no había cambiado en nada desde que empezaron a andar cuando huyeron de la explosión de la nave.

– De acuerdo – Alan observa la mano de su compañero y le pone otra suya encima, apretándola más firme de lo que realmente puede- De acuerdo -repite.

Y la noche más larga de toda sus vidas, millones de estrellas y planetas sin identificar siquiera, ven cómo los dos astronautas, sucios, agotados, con una mezcla de profunda tristeza y de alivio, se sientan al fin, la espalda contra una ligera elevación redondeada del terreno.

Io

/Pensaba acabar esta historia sólo con una segunda parte, pero aquí estoy, a punto de decir que acabará -para bien ó para mal de Owens y Alan- en la tercera parte, parte que espero colgar aquí en un muy breve espacio de tiempo. Gracias por leerme, volvemos a estar aquí, mis palabras y yo, después del descanso navideño/

/Me permito decir que canciones como Lost y Violet Hill de Coldplay han sido buenas compañeras en esta historia/

//Escrito por Atlanthis// //Blog Registrado. CC. Todos los Derechos Registrados//

Anuncios

5 Respuestas a “El sol de diciembre – 2º parte

  1. Lo de la profesora que conste, que era con el mismo cariño con el que tú me comentas ;) jejej

    Sabía lo de la rueda, pero todo lo demás no…Gracias por la culturilla.
    En realidad no creo que mis dos astronautas tengan tiempo de tener “problemas más sólidos”.

    Siempre encantada de tenerte por aquí.

    Me gusta

  2. Lo de la profesora de matematicas ha dolido…

    Por otro lado, los ingenieros de la Nasa pueden ser unos cabrones ya que, efectivamente, Alan Shepard (primer astronauta yanki) se baño en su orina durante el despegue, pues no tuvo la conveniencia de su homologo sovietico (Yuri Gagarin – primer astronauta) de mear encima de la rueda del bus que lo llevaba a la nave, cosa convertida en costumbre por todos los que viajan en naves rusas. Despues de esa lamentable experiencia los yankis crearon trajes espaciales con un interesante sistema de evacuacion de fluidos. Los rusos, por su parte utilizaban un material mitad sintetico mitad piel de ante fino que drenaba perfectamente cualquier liquido y mantenia siempre la piel seca y limpia. Sin embargo, estos notables avances tecnologicos no impidieron que Valentina Tereshkova (primera mujer astronauta) diese buena cuenta en el despegue de que habia problemas mas solidos que tambien necesitaban ser estudiados. Desgraciadamente, a fecha de hoy, los trajes espaciales mas avanzados siguen sin cubrir las funciones totales de esa maravilla tecnologica llamada WC (Water Closet).

    XD

    Saludotes

    Me gusta

  3. Lo cierto es que no me he dado cuenta de que se me colaba ése cero, la temperatura interior es de – 2º C, perdón por la confusión (ya está arreglado en el texto).

    Sobre lo demás que me dices sobre el traje, Henry, decir que ciertamente el traje no está en sus mejores condiciones dado el accidente de la nave, la explosión y las condiciones extremas del terreno. Y una cosa es diseñar un traje para un objetivo concreto y otra muy diferente someterlo a muchas más horas y problemas de lo que se pensaron para una misión digamos, stándar. De todos modos, podemos suponer que los ingenieros de la NASA no sean tan inteligentes y se equivoquen, no?.

    Cierto también que quise decir Sistema Solar, no Vía Láctea (corregido también ya).
    No he encontrado la distancia de Io a la Tierra, es el único dato de astronomía que no tengo sobre él, gracias Henry por la precisión.

    A veces me recuerdas a mi profesora de Matemáticas del instituto…jeje

    Besos

    Me gusta

  4. Eyy! Ya era hora!

    Bueno, yo como siempre en mi tonica no puedo dejar un comentario con un par de detallitos que hay que corregir ASAP!

    Con respecto a los trajes: a – 20 grados una persona esta muerta. De todas formas esto tiene facil solución. Si llegaron a Jupiter (Io), me imagino que podrian hacer unos trajes que aguantasen mejor el cambio termico. Mas cosas acerca de los trajes – lo que llevan hoy en dia ya tienen un receptaculo especial para recoger orina, pero otra cosa es que en el accidente se haya roto.

    Por penúltimo pero no último – Jupiter (y por tanto Io), esta a solo 591 millones km de la tierra; no a un millon de millones (billon).

    Y ya para acabar con la tralla, en la preciosa escena donde la mujer mira el cielo nocturno, me imagino que quisiste decir “sector del sistema solar”. La Vía Láctea es la galaxia en la que se encuentra nuestro sistema. Mas concretamente en el borde exterior.

    Pos eso.

    Saludotes!

    Me gusta

  5. Tu si que escribes bien.

    Espero ansiosa la tercera parte!!!!!!!

    Me gusta

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s