1, 2, 3

Voy pisando las hojas mojadas de la acera. En mis retinas, la imagen de la sombra encima de la mesa, de la taza de café que acabo de tomar, dos calles más atrás de mis pasos.

– Es muy sencillo, no tienes que preocuparte de nada. Tú haz únicamente -y esta palabra la remarca mucho-lo que tienes que hacer. Y todo saldrá bien

Yo le miro detenidamente. Me tomo mi tiempo, aún faltan veintidós minutos exactos. Navaja me habla con superioridad, una superioridad que no tiene ni en rango ni moral. No he tocado el café.

– Tú lo ves cómo ellos. No es así -digo.

Él apura su cortado, los restos de los dos croissants a la plancha que ya se ha comido pueblan su espacio, dejando restos en las coderas de su jersey.

– Creía haber entendido que te llaman el Especialista. Tú sabrás cómo tienes que hacerlo -mira la hora- yo no he venido aquí a hacer tu trabajo, éso es cosa tuya. Yo sólo he venido aquí a asegurarme de que has entendido los términos. La importancia de lo que tienes entre manos, y de que ésa importancia, machaca tu cabeza una y otra vez como un jodido martillo que aplastara tus sesos. Ése es mi trabajo, lo vea cómo me de la gana de verlo -se detiene a tomar aire- Y no hace falta que diga todo lo que está en juego -y al decir ésto su mirada parece abarcar todo cuanto está a nuestro alrededor sin moverse un ápice de mis ojos-.


La lluvia cae por todos lados. El suelo, los coches, la gente, todo está sucio, es asqueroso. No dejo de pensar en el dispositivo. Cómo se haya mojado voy a tener muchos problemas. Qué digo, problemas ya no tendré cuando tenga una pistola apuntándome a la sien.

Navaja se cree muy listo, más que yo y más que todos los que nos la jugamos en esta puta guerra que todavía no ha acabado, éso se ve de lejos. Ambas cosas. Le metería la cabeza dentro de un bidón de pintura roja para ver si le da alergia ó son imaginaciones mías.

Qué fácil es dirigir la conducta de otros, tener ideas y después dar apretones de manos. Mirar como si yatodo estuviera hecho, cuando no tenemos nada, y lo poco que tenemos nos lo están arrancando. Y lo que quede nos lo quitarán de una manera peor.

Toco las llaves de la moto dentro del bolsillo de mi chaqueta. Apreto los puños dentro. No me gusta nada este día. No me gusta nada que esté lloviendo. No me gusta seguir oyendo a ése capullo engreído y tener éstos presentimientos.

– Toma. Pónte los auriculares en las orejas, debajo del casco no se verán, y el transistor te lo metes dentro de la chaqueta. La frecuencia es segura, la hemos vuelto ha comprobar hace una hora -seguro que con tus propias manos imbécil, pienso- No voy a volver a repetirte el peligro que corremos -sobretodo que corres tú, vuelvo a pensar- Si ésto sale mal, el Generalísimo sabrá que nuestra célula aquí sigue activa, que no la destrozó entera al meter a Tinin y Maruja en la cárcel -aprieta los dientes, blaquísimos- y asesinar a los otros

– No le llames el Generalísimo, haz el favor -digo

– No sé cómo quieres que le nombre. Tal vez tendrías que haberte pedido una infusión y no estar…

– No he tocado el café. Aún -puntualizo, éste no va a venir a decirme a mí que tengo ó no que hacer- Y delante de mí no le llames así, porque que yo sepa tu mujer y tu hija están tranquilamente en tu casa, ó lo que te hayan dejado de ella que es bastante. Al menos más que a mí y más que muchos. Pero mi mujer y la hija que esperaba ¿sabes dónde están? no, ¿verdad? -le pregunto.

– No

– Bien. Yo tampoco. Porque tu Generalísimo no deja asistir a los fusilamientos, ni al entierro, ni a nada. Así que déjate de formalidades de una puta vez, que aquí a lo que estamos es a terminar esta maldita guerra de una vez, pero con las cosas en su sitio. Y si le llamas Generalísimo me entra un no sé qué por el cuerpo que me dan ganas de meterte esta cucharilla por entre los oídos, ¿me entiendes? y dejar al coronel Martinez para más tarde. No sé cómo coño quiere un hombre de acción como tú -mascullo con sorna- llevar a fin un golpe de estado mostrando tanta reverencia y tanta consideración

– El tiempo avanza -dice mirando hacia otro lado- Te tienes que ir. Ahora da igual la semántica. Con Martinez fuera de combate, estaremos un escalón más arriba de… -duda- de acabar con todo ésto

– Sea

Tomo el café de un sólo trago, me levanto y me voy.


Ya casi he llegado al punto. Estoy sólo en ésto.

Miro al edificio de enfrente, en el 4º piso las cortinas están descorridas en las dos primeras ventanas y corridas en la tercera. Todo va bien. Lo compañeros están en posición.
Continúo una calle más arriba. Ya veo la moto aparcada.

En el relog son las cuatro y cuarenta minutos. Me quedan cinco.

Saco un cigarro y lo enciendo. No fumo. Parezco un hombre como cualquier otro, desocupado, mirando una moto que no puedo comprar.
Al otro lado de la calle, las oficinas de un importante diario de la ciudad, entre una escuela y una tienda de comestibles.

– Hemos elegido este lugar porque el Coronel Martinez estará hablando con el director de La Gaceta hasta las 16:45 aproximadamente, hora en la que se marchará y acudirá al hotel Príncipe donde tiene un acto a las 17 horas. Hemos decidido que lo mejor es atacar directamente aquí y no más tarde como habíamos acordado, ya que es una reunión pactada anteayer mismo, secretísima, donde esperamos que no habrá seguridad

La asamblea casi no tenía asistentes. Tras los encarcelamientos, el ánimo rebosaba miedo, dolor y oscuridad.

Carlos había tomado ahora la dirección de la célula. Nos comentaba datos que yo ya conocía.

– El lugar es idóneo, además, porque a esa hora el colegio ya está impartiendo clase, la tienda cerrada (Florencia ya sólo abre por las mañanas) y en el resto de oficinas la gente estará trabajando. La ubicación de la bomba, debajo del coche del Coronel, como sabéis le ha costado la vida a muchos compañeros, y la cárcel a Tinin y Maruja. Ésos cabrones no tendrían que haber estado cuando Joaquin se fué de la alcantarilla, y cometió el error de ir a visitar a Antonia. Hacía tiempo que le seguían la pista. Por suerte, sólo desmantelaron casi todo nuestro comando. No se les podía ocurrir que él salía del taller.

Joaquin había forzado la alcantarilla delante de la puerta, donde aparcarían el coche casi seguro. El chivatazo había sido un gran golpe de suerte. Pero a cambio, muchos lo habían pagado.


Las palabras de Carlos vuelven a mi mente ahora que ya es la hora de realizar mi trabajo. Respiro hondo.
La puerta del edificio de La Gaceta se abre. Dos soldados preceden al Coronel. No estoy seguro de que respiren y hablen como los demás. Parecen dos muñecos articulados. El más alto saca un walkie-talkie, dice algo. El Coronel se frota las manos, hace frío. Una mujer llama al timbre del colegio. Yo estoy atándome los cordones de los zapatos. Tengo el casco y los auriculares puestos.

Al poco llega su coche. Negro, reluciente.

Se detiene delante de los tres hombres. Con una bomba debajo. El más alto cruza unas palabras con el chófer.

Asiente con la cabeza. Se vuelve para hacer un gesto al otro.

Oigo una voz.

– Luis, ya es la hora. Todo despejado en tu salida. En el estanco que queda al lado del colegio tienes un refuerzo. Mejor que no sepas quién es. Si hay problemas saldrá a ayudarte, descuida. Lo tienes en frecuencia

Ya tengo problemas, pienso. El Coronel se dirige al coche. El soldado más bajo le abre la puerta.
Me dirijo a la papelera junto a la moto. Hago ademán de tirar un papel pero en realidad toco con la mano la cajetilla donde está el botón que dispara la bomba. Los cables iban desde la alcantarilla hasta la salida que Joaquin había sacado, oculta dentro de la papelera.

Sale la mujer que antes había visto entrar al colegio. Está nerviosa, llega tarde a algún sitio, seguro. Y lleva una niña de unos cinco años cogida de la mano. Y en treinta segundos estarán al lado del coche.

Sudo. Martinez ya está casi dentro del coche. Es gordo y lento, y le cuesta meterse.

– Luis, dispara. ya está dentro -es mi refuerzo-.

Pero no puedo. Las manos no me hacen caso. Ésto no es una guerra, es una niña de cinco años a la que han sacado del colegio para ir al médico seguramente, ó ir a casa de la abuela, ó…

El coche enciende el motor. La madre y la hija están a su altura. La madre para un instante para decirle a su hija que se dé prisa.

– Luis, joder, olvídate de ellas -mi refuerzo de nuevo, una especie de ángel de la guarda macabro- Dispara.
DISPARA!

1, 2, 3. Cierro los ojos. Pienso en mi mujer. En la hija que no he conocido.

Aprieto el botón.

//Escrito por Atlanthis// //Blog Registrado. CC. Todos los Derechos Registrados//

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5 Respuestas a “1, 2, 3

  1. Cuando te identificas con la parte contratante de la primera parte y viceversa, ocurren cosas realmente raras y uno empieza a defender tesis contrarias solo por llevar la contraria :P Pero salen cosas guays.

    Vaya, has dado el primer paso para captar a un lector fiel ;)

    Jum, el comment que te hice en mi blog es diferente (me gusta mas este) XD

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  2. Henry,

    Mmmmm….difícil comentar tu continuación a mi relato (del que no había llegado a plantearme ó no una continuación).

    Por una parte he de decirte que no estoy acostumbrada a que nadie siga con una historia dejada en un punto X por mí, es algo nuevo, diferente y extraño, si bien me han gustado cosas del estilo de tu texto y además tengo que tener en cuenta que normalmente tampoco voy dando por ahí originales de mis relatos para que alguien los subraye, y subraye, y vuelva a subrayar, jeje (subrayado en todo momento deseado, eso sí, y que podrías encontrar la forma de enviarme y sería una mujer un poco más feliz).

    Así que por la otra parte sonrío ante tu “comentario”, el cúal agradezco, y es posible que por tu culpa haga una continuación partiendo del punto donde tú lo has dejado.
    Quién sabe si ésto es el comienzo de algo a medias…

    Besos

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  3. Estas cosas tan buenas hay que continuarlas!!!

    Aqui te dejo un comentario> http://henry-w.livejournal.com/30782.html

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  4. No tengo palabras…

    No me gustaría nada ponerme en esa situación, yo creo q me pasa a mi y me pego yo el tiro (tal vez después de apretar el botón, seguro)…

    Tendrían q inventar un microchip, q a un nivel superior de maldad explotara dentro del cerebro de uno… Divagaciones después de leer esta historia a las 21:54 de la noche…

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  5. K.O. técnico total con el final. Sin palabras.

    Saludos y aplausos por doquier

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Comentarios

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