Cosas que nunca te dije

– ¿Qué estas buscando?
Jamás olvidé su cara, en aquella penumbra, en aquel dormitorio que no era mío, desnudas ambas. Me miraba serenamente, sin juzgarme. Su rostro desvelaba verdadera curiosidad, una curiosidad mezclada con extrañeza y tranquilidad.

Era unos nueve años mayor que yo, la había conocido esa misma noche en un pub al que entré con la intención de terminar todo el alcohol que pudieran servirme. Cuando entré ella estaba en un extremo de la barra, bebiendo algo que parecía Ballantine’s con cola. Vestía un vestido negro liso, ajustado, el pelo intensamente negro y largo le caía por los hombros recogido, parecía la típica mujer que ya lo ha probado todo y repasa sus victoras ante un cubalibre esperando a la próxima víctima que añadir a su caza. Era delgada, guapa. Nada más entrar me miró. Una chica rondando los veintipocos apareciendo por la puerta de un pub oscuro, llevando unos vaqueros negros ajustados, una camiseta que no se distinguía bien vista a tan poca luz y una chaqueta vaquera abierta encima, con el pelo también negro pero más corto, suelto.
Me senté al lado de un tipo que le metía mano a la que presumiblemente sería su novia por debajo de la falda, mientras ella le mordía el cuello con agonía. Pedí a la camarera un Bacardi solo. La música estaba rabiosamente fuerte, como ocurre en esos lugares.

Después de unos cuantos sorbos la volví a mirar y me dí cuenta de que ella también me estaba mirando. Por su expresión llevaba todo el tiempo haciéndolo. Creí más apropiado para mi estado de ánimo seguir concentrándome en mi vaso, pensando que me atraía, que tenía que beber lo bastante para olvidarlo todo y lo suficiente para saber regresar a la habitación de hostal que había alquilado en un ciudad en la que ya había estado más veces.
Nunca hasta entonces había visto a aquella mujer.

Cuando pedí el segundo de lo mismo, ella apareció de repente entre la pareja y yo, colocándose a mi lado en un taburete vacío en el que yo no había reparado. Me gustaba sentarme en las esquinas de los sitios, que era dónde yo estaba. Le dijo a la camarera que le pusiera lo mismo que a mí. El vaso tenía gotas heladas de vapor de agua resbalando por su contorno, los cubitos de hielo reflejaban el color del ron. Seguía mirandome con cara interesada mientras deslizaba una uña pintada de rojo por el cristal húmedo, y yo levantaba la vista de la barra.
– ¿No es una bebida demasiado fuerte? -me preguntó.
– Es adecuada -respondí.
Sonrió y bebió un trago, sin apartar sus ojos de los míos. Yo empezaba a sentir calor por el efecto del alcohol, sentía como la nuca me transpiraba ligeramente, y la mano derecha que utilizaba para seguir bebiendo me temblaba ligeramente torpe.
– ¿Adecuada para qué? -insistió.
– Adecuada para alguien como yo en una noche como ésta.

Realmente era una noche adecuada para casi cualquier cosa; la ciudad, de costa, también lo era.
La vista se me resbalaba por su cuello, despertando en mí un intenso instinto de clavarle con el impulso exacto lo dientes y morderle, por sus labios, que hipnotizaban a mi visión clara y borrosa.
– Ponnos otra -pidió al camarero.
– ¿Qué era? -inquirió éste.
– J&B con cola -cambié yo.
Ella enarcó una ceja sarcástica. Nos habíamos tomado ya unos dos Bacardi más.
– ¿Vives aquí? nunca te había visto -le pregunté.
– En el casco antiguo del pueblo ¿lo conoces?
– Sí
– Calle Gato número 17
– ¿Es una casa? -sugerí, confundidos ya en mi cabeza los recuerdos de esa zona.
– Sí
Tenía una voz con la que perfectamente se podría haber dedicado a ser locutora de radio; aunque bien mirado, tampoco sabía si lo era.
– Parece que has venido mucho por aquí -dijo.
– No tienes forma de saberlo, igual que yo no la tenía de saber donde vives, aunque ahora ya lo sé -y sonreí al decir ésto último.
– Se te nota en la mirada. No tienes pinta de turista. Miras como quien conoce perfectamente el camino al infierno y se dirige de cabeza a él.
– ¿Y tú eres la demonio que vela en las puertas, como San Pedro?
– Jajjajja -río- podría decirse así. ¿Lo estás haciendo?
– ¿El qué?
– Lanzarte a la boca del infierno esta noche
– ¿Lo parece?
– Sí
– Entonces seguramente lo esté haciendo -y bebí una buena cantidad del vaso.
No me dejó volver a ponerlo en la barra, lo cogío con una de sus largas manos y esa sonrisa sarcástica y lo terminó ella a excepción de dos dedos, dejándolo a un lado cerca suyo.
– Antes tenías los ojos marrones, ahora los tienes verdes
– Es el alcohol -contesté.
– ¿Sólo el alcohol?
Me hizo sentir ligeramente incómoda con esa pregunta. Volví la cabeza hacia las puertas de cristal del garito, desde donde se veía la oscuridad del puerto y el mar haciendo espuma.
– No
Entonces apoyó una de sus manos en mi hombro y me siguió mirando, sentía sus pupilas fijas en mi nuca, volviéndolas quizás en algún momento también al mar, hasta que yo volví la cara y nos volvimos a encontrar, sin quitarla.
– No lo hagas esta noche
Me sorprendió su seriedad.
– ¿Porqué?
Había recorrido 200km para pasar la madrugada en esa ciudad y emborracharme lo suficiente para no recordar nada del vacío que era mi vida; vacío por mí, por mis decisiones, y por una mujer que ya no estaba.
– Por nada. Porque te da igual esta noche que otra, ella no volverá ni hoy ni mañana ni pasado.
Tragué saliva. De pronto se me aclaró la vista y miré por primera vez yo en aquella noche fijamente a aquella mujer. Era todo tan irreal.
– ¿Cóm…?
– ¿Cómo puedo saberlo? -no me dejó terminar- cariño, lo dice cada palabra que pronuncias por la boca, lo transpira cada centímetro de tu piel, se ve en casi cada gesto que haces. ¿Qué iba a hacer si no una chica como tú sola en un pueblo de ambiente de copas como éste?
– Vámonos a tu casa
Se lo dije mirándola fijamente a los ojos aún.
Su casa era amplia, con la fachada blanca y balcones, en la típica calle de pueblo con empedrado y gatos subiéndose a los cubos de basura, sin un alma que molestarlos en la calle. Fué una suerte que viviera en la parte antigua, lo demás eran todo construcciones y bares de copas, discotecas destinados al turismo, imitación al marbellí o al de Benidorm.
Subí las escaleras que daban a los dormitorios apoyada en ella, mientras me cogía con un brazo alrededor de mi cintura para sostenernos mejor, sin dejar de darme cuenta de los muebles sencillos de madera que habitaban la amplia estancia que imaginé haría de salón y la chimenea con cenizas apagadas y un tronco semi consumido.

Recordé no sé porqué canciones de Ismael Serrano. Canciones como Sin ti a mi lado o Déjate convencer. Dejé que me quitara la chaqueta y me tumbara bocarriba en la cama. A la derecha había una ventana abierta con la persiana enrollada por la que se colaba la luz de la luna y el canto de los grillos que tanto me gustaba escuchar en noches limpias como aquella. También se respiraba un fragante aroma a un Galán de Noche distante. Estando así, mientras se quitaba ella los tacones (yo todavía tenía puestas las botas de haber venido en moto), recordé que a Ella (la llamaré en mayúscula para distinguirla de Alicia que era como se llamaba la mujer que me tenía en su cama, mirándola despojarse de los pendientes y soltarse el pelo) no le gustaba hacer el amor con la ventana de par en par por si sobrenaturales, los vecinos nos veían. Solía tener que inventarme mil maneras de buscar un lugar donde eso no pasara, o echar la persiana, o…y solía sentirme incómoda, porque consideraba (y considero)que le quitaba mucha espontaneidad al asunto. La había amado. Tal y como era. La había amado mucho y ahora volvía a pensar en ella mientras otra mujer con infinitamente más experiencia de la vida seguro, aún siendo Ella mayor que yo asimismo, se tumbaba en su cama al lado mío, acariciándome la ceja que yo no dejaba insistentemente de acariciarme, como en un tic, apartándome la mano. El tiempo pasado, era sólo eso, un tiempo verbal al que me era más cómodo dadas las circunstancias referirme.
A veces gustaría poder decir aquello que cantaba Antonio Orozco, no me dejes que despierte de este sueño aunque todo sea mentira. Pero precisamente porque tú a Ella sí la amabas, no podías…decírselo.

Hicimos el amor repetidas veces. Aunque no me acaba de gustar utilizar ese término en circunstancias como éstas, porque no se aplica verdaderamente al sentido de su significado. Pero tampoco follamos, dicho en un lenguaje más vulgar; yo quería emborracharme y ella seguramente habría pasado la noche sola en esa casa recordando pasadas noches de pasión. Puede que nos necesitáramos mutuamente.

– ¿Qué estás buscando?
Estaba apoyada sobre un codo, del lado de la ventana, con la cabeza apoyada en la mano observándome. Su expresión era la de una persona que está incondicionalmente contigo en ese momento, sin tratar de cambiarte, sin querer retenerte ni tan siquiera pugnando por entenderte (tal vez porque ya lo hacía, tal vez no), simplemente ofreciéndote su calor y su ayuda desinteresadamente. Y sus preguntas, porque todos las tenemos.
Miré por la ventana por encima de su cuerpo. Se veían las hojas de un árbol, moverse un poco con la brisa.
– Lo que queda de mí -retomé su mirada con la mía.
– Sin ella
– Sí
Hubo un silencio.
– ¿Y has encontrado algo?
– ¿Esta noche?
– Sí
No tuve que pensarlo demasiado.
– He encontrado menos soledad
– Has dicho su nombre, antes.
– Lo sé -lo sabía, de alguna forma incosciente.
– ¿Es de aquí? -preguntó.
– No, es de la ciudad de al lado
– ¿Te gustaba?
– Mucho
Me volvía ausente de mí, de aquella mujer, por momentos. Recordaba lo que hasta hace poco había sido mi vida, en todos los sentidos.
– No la vas a encontrar en una botella de Bacardi, no la busques ahí
– No la puedo encontrar en ningún otro lugar, a no ser que ella me encuentre a mí antes
– No te estás buscando a tí -dijo- tú no necesitas buscarte, tú estás aquí, conmigo ahora, y mañana me habrás olvidado, la estás buscando a ella.
Tenía razón.
– La estás buscando porque tú sigues siendo la misma, pero ella no; tú sigues queriéndola a pesar de lo que haya podido pasaros, algo que no te voy a preguntar porque no me interesa, pero ella no, o tú así lo piensas, o así te lo ha demostrado. La estás buscando en un antro al que vamos gente como yo que hace tiempo que dejamos de creer en nadie, para ver si se te contagia. La estás buscando en la maldad que no tienes pero que te gustaría tener a su lado, porque todos necesitamos el misterio. La estás buscando porque no te estás parando a vivir la vida sin ella, y prefieres ahogarla en un alcohol que nunca te va a ser suficiente. Y lo que no sabes es que la vida a ella no le va a pedir cuentas que tu vayas a ver, pero a tí sí, por haber dejado de vivirla.
– ……. -no podía hablar.
– Preciosa, ni yo ni otras como yo van a hacer que la olvides, que estés conforme.

No me eché a llorar, aunque podía haberlo hecho. Tampoco me fuí de allí. Seguí como estaba, bocarriba, desnuda, mirando al techo. No podía pensar en nada.
– Estaba con otra, lo sé
Me dejo seguir hablando. Creo que las dos necesitábamos hablar y escuchar, aunque fuera de mí.
– La encontré besándose con ella en una esquina. Con las manos metidas en su espalda por debajo de la camisa. Acabábamos de mudarnos juntas a un piso. Tendrías que haberlo visto. Era el piso de nuestros sueños, al menos de los míos. Tenía todo, trabajo, amigos. La tenía a ella. Había una habitación en la que me imaginaba que le leía cuentos a nuestros hijos. Me gustaba su familia. Y cuando me vió mirarlas sólo me dijo que llevaba tiempo queriendo decírmelo, que lo sentía. Que lo sentía.
– La gente puede cambiar -contestó, aunque yo no había formulado ninguna pregunta
– Nadie la escuchó nunca decirme que jamás se apartaría de mi lado, que nunca estaría sin ella, salvo yo.

Entonces me puse las bragas, los jeans. El sujetador. Y me apoyé en el quicio de la ventana.
Alicia se levantó y detrás de mi espalda habló.
– ¿Y si volviera?
– No volverá
– ¿Y si lo hiciera? -volvió a preguntar.
Me dí la vuelta. Ahora si estaba llorando.
– …Me pidió perdón durante un mes entero, día tras día. Me dijo que fué un error, el error más grande de su vida. Que prefería haberse muerto a haberme hecho aquello. Pero yo no la creí. Y ella se mató hace dos meses. Y tu pregunta es si volviera que habría hecho yo -le puse las dos manos en los hombros frente a ella, las lágrimas me surcaban las dos mejillas- …si volviera dos meses atrás en el tiempo la perdonaría, porque decía la verdad, y quizás nadie en toda mi vida me haya querido tanto como ella. Pero ahora sólo me queda mirar ese mar con ese Bacardi y una moto aparcada en la acera, recorriendo los lugares que visitamos y los que nos quedaron por visitar. Buscarla y buscarme. Y quizás escribirle ésto que nos ha pasado a tí y a mí esta noche, aunque lo lean otros, escribírselo a ella, que olvidó contarme a mí sus dudas, que olvidó tanto y yo ahora he de olvidar tanto también, aunque tal vez no me toque…aunque quizás a tí tampoco te pertenezca recordar un día las cosas que ésta noche nunca te dije.

Cosas que nunca te dije

/Pero yo he recordado esta otra historia que escribí, también, hace tiempo…A veces es bueno dejar un espacio del aire que respiramos, a la memoría/

//Escrito por Atlanthis// //Blog Registrado. CC. Todos los Derechos Registrados//

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2 Respuestas a “Cosas que nunca te dije

  1. Tú y tu estilo inconfundible de hacer crítica literaria ;)…que, por otra parte, siempre es bien recibida, significa como mínimo que alguien se ha tomado la molestia de leerte y reflexionar (de alguna manera) sobre lo escrito.
    Besos

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  2. Yo este texto lo decoraba en rojo. Pero el final esta realmente logrado, aunque no casa con todo lo que le precedia, el estilo es muchisimo mas fluido y directo, no se va por las ramas, va al grano.

    Las aclaraciones solo sirven para confundir, utilizar palabras “cultas” tambien (hecho que hace que ya de entrada escribas mucho mejor que el Zafón). Me he quedado con una sensacion de que todo lo que precedia el desenlace fue una obligacion mas que una introduccion.

    Chica, no te molestes en ser politicamente correcta, y en describir tooodos los detalles, toma nota de Henry Miller o Palahniuk y no te ruborices por contar cosas “censurables” con un lenguaje “banal” (que en el fondo es sencillo, accesible y elegante).

    Saludotes!

    P.S.: si, me siento realizado deconstruyendo cosas :P

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